Hacer mercado a precios justos también es garantía de seguridad alimentaria en Venezuela

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El Abasto Bicentenario, ubicado en la Zona Rental de Plaza Venezuela, en Caracas, atendió el miércoles pasado a un total de 7.399 personas que compraron allí sus alimentos y productos a precios justos.

El abasto forma parte de la red pública de distribución de alimentos más grande del país con 22 mil centros de venta, entre abastos, mercados, supermercados y pequeñas bodegas populares.

Esta red es una de las herramientas del Gobierno venezolano para garantizar los alimentos a precios juntos, al tiempo que enfrenta la guerra económica dirigida por sectores del comercio y la industria vinculados a partidos políticos de derecha que han convertido en práctica cotidiana el acaparamiento, la especulación y la contratación de mafias para la extracción de rubros prioritarios que luego se utilizan para el contrabando combatido por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la frontera con Colombia y que en 2014 cerró con la incautación de 28 mil toneladas de alimentos y productos básicos.

La Agencia Venezolana de Noticias hizo un recorrido por los nueve pasillos y las más de 60 cajas registradoras del Abasto Bicentenario, que día a día recibe a miles de personas que compran sus productos a precios justos.

Para esbozar un panorama general, solo en pollo y leche, el miércoles, llegaron al nombrado supermercado unas 30 toneladas para ser distribuidas.

Andreína Calderón, coordinadora de Variedades del establecimiento, explicó que los alimentos son descargados en ese abasto diariamente, en la mañana y en la tarde, garantizando que la ciudadanía obtenga los alimentos regulados y los no regulados, y previendo que la disponibilidad sea constante para evitar desabastecimiento.

En principio, fue notable que además de que los anaqueles se encontraban repletos de productos como harina de maíz precocida, café, leche en polvo y líquida, aceite, arroz, pasta, mantequilla, pollo, carne y pescado, entre otros alimentos, la abundancia de los mismos no dejaba espacio para la duda, pues grandes bultos colocados en los pasillos permitían que los usuarios tomaran sus insumos sin contratiempos.

La situación en las cajas registradoras era ardua. Sin cesar los trabajadores registraban, pesaban y facturaban los alimentos transportados en los tradicionales «carritos», mientras las personas, en la ordenada fila de espera, aguardaban indicaciones para ingresar en el supermercado y hacer su respectiva compra.

Precisamente, acerca de ese orden, Abastos Bicentenario estableció días de compra por número de terminal de cédula. La decisión ha permitido disminuir la longitud de las colas, así como evitar que mafias realicen incontables adquisiciones de productos alimenticios para luego revenderlos en el mercado especulativo, contribuyendo a la intensificación de la guerra económica, denunciada por el presidente de la República, Nicolás Maduro.

AVN

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